Hijas y esposas
Hijas y esposas —Eso es porque no eras más que un crÃo. En aquella época tenÃa siete caballos en el establo, sin contar los de labor; y no recuerdo haber tenido ninguna preocupación, dejando aparte que ella… siempre estuvo delicada, ya lo sabes. ¡Qué niño tan guapo era Osborne! Siempre vestido de terciopelo negro. Era un poco presuntuoso, pero eso no era cosa mÃa, aunque no me parecÃa mal. Ahora es un muchacho apuesto, pero su rostro ya no resplandece como antes.
—Está muy inquieto por lo del dinero, y por la angustia que te ha causado —dijo Roger, dando por sentados los sentimientos de su hermano.