Hijas y esposas
Hijas y esposas —Dime una cosa, Clare. ¿Alguna vez has dicho una mentira? SÃ, ¿verdad?
—¡Lady Harriet! DeberÃa conocerme mejor; pero sé que no lo ha dicho en serio, querida.
—Sà lo he dicho en serio. Alguna mentira inocente habrás dicho. ¿Cómo te sentÃas después?
—Me habrÃa sentido muy desgraciada de haber dicho una mentira. Me habrÃa muerto de arrepentimiento. «La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad»: siempre me han parecido unas excelentes palabras. Pero yo soy de naturaleza inflexible, y es cierto que en el ámbito de nuestra vida hay muchas tentaciones. Si somos humildes, también somos sencillos, y no tenemos las trabas de la etiqueta.
—¿Entonces me culpas por ello? Si hiera otra persona quien me culpara, no me sentirÃa tan desdichada por lo que dije esta mañana.
—No la culpo, ni en lo más profundo de mi corazón, lady Harriet. ¡Culparla, qué cosas dice! Eso serÃa muy presuntuoso por mi parte.
—¡Creo que me buscaré un confesor! Y no serás tú, Clare, pues siempre te has mostrado demasiado indulgente conmigo. —Al cabo de unos instantes, añadió—: ¿Me invitas a almorzar, Clare? No quiero volver a casa hasta la tres. Mis «asuntos» me retendrán hasta esa hora, tal como dejé dicho en las Towers.