Hijas y esposas
Hijas y esposas —Haga uso de mi bolsa con total libertad, Gibson —solÃa decir—. Sé que ir a visitar a los pobres y darles pláticas no es lo mÃo, y creo que no hago lo suficiente en ese aspecto, pero estoy dispuesto a darle lo que me pida para cualquiera que usted considere que está necesitado.
—Gracias. Sé que recurro a usted a menudo, y creo que con muy pocos escrúpulos; pero, si me permite una sugerencia, creo que no deberÃa darles pláticas a los campesinos cuando va a verlos, sino sencillamente platicar.
—No veo la diferencia —dijo el vicario un poco quejumbroso—, pero yo dirÃa que hay una diferencia, y no dudo que lo que usted dice es bastante cierto. No deberÃa darles pláticas, sino platicar, charlar con ellos; pero, como ambas cosas me resultan igual de difÃciles, debe permitirme comprar el privilegio del silencio con este billete de diez libras.
—Gracias. Para mà resulta menos convincente, y creo que también para usted. Pero probablemente los Jones y los Green lo preferirán.