Hijas y esposas
Hijas y esposas —Te estaba esperando, querida. No subas a la salita en este momento. PodrÃas causar una inoportuna interrupción. Roger Hamley está allà con Cynthia, y tengo razones para pensar… de hecho abrà la puerta sin saber qué ocurrÃa, pero de inmediato la cerré lentamente, y no creo que me oyeran. ¿No es encantador? ¡El amor de los jóvenes, ya sabes, qué dulce es!
—¿No me dirás que Roger se le ha declarado a Cynthia? —preguntó Molly.
—No exactamente. Pero no lo sé; desde luego no sé nada. Sólo le oà decir a Roger que su intención era irse de Inglaterra sin hablarle de su amor, pero que la tentación de verla a solas habÃa sido demasiado grande para él. ¿No te parece sintomático, querida? Lo único que pido es que la cosa tenga un desenlace sin que nadie les interrumpa. Por eso te estaba esperando, para que no subieras a molestarles.
—Pero puedo ir a mi cuarto, ¿verdad? —suplicó Molly.
—Por supuesto —dijo la señora Gibson, con cierto malhumor—. Sólo que esperaba tu solidaridad en un momento tan interesante.