Hijas y esposas

Hijas y esposas

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—Bueno, Cynthia; hoy he visto al señor hidalgo y he vaciado el costal. —Cynthia levantó la vista enseguida, y le interrogó con los ojos. Molly interrumpió su labor para escuchar; nadie dijo nada—. Vais a ir todas el jueves a comer; os ha invitado, y yo he aceptado en vuestro nombre.

Aún no hubo respuesta; normal, quizá, pero qué poco entusiasmo.

—¿No te alegras, Cynthia? —preguntó el señor Gibson—. Creo que será estupendo, y espero que signifique el inicio de unas buenas relaciones con el señor Hamley.

—¡Gracias! —dijo ella haciendo un esfuerzo—. Pero esta invitación… ¿no equivale a hacerlo público? Deseo tanto que no se sepa, ni que se hable de ello, al menos hasta que Roger vuelva o la boda sea inminente.

—No veo por qué equivale a hacerlo público —intervino el señor Gibson—. Mi esposa va a comer a casa de un amigo mío, y la acompañan sus hijas. ¿Hay algo sospechoso en todo ello?



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