Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Yo no sé si iré —dijo la señora Gibson. No supo por qué lo dijo, pues su intención, en todo momento, había sido ir; pero tras escapársele esas palabras pensó que debía obrar en consecuencia, al menos durante un rato; y, con un marido como el que tenía, más le valía encontrar una razón para hablar así. Y no tardó en ocurrírsele.

—¿Por qué no? —dijo él, volviéndose hacia su mujer.

—Pues porque… porque creo que tendría que haber visitado primero a Cynthia; soy así de susceptible: no soporto pensar que la desprecian porque es pobre.

—¡Pamplinas! —dijo el señor Gibson—. Te aseguro que no habido desprecio alguno. El señor Hamley no piensa hablar del compromiso con nadie, ni siquiera con Osborne; ¿no es eso lo que quieres, Cynthia? Y tampoco lo mencionará ante ninguna de vosotras cuando vayáis; sólo que, como es natural, quiere conocer a su futura nuera. Si viniera aquí se desviaría mucho de su rutina habitual, y entonces…

—No quiero que venga a esta casa —intervino la señora Gibson—. La otra vez que vino no fue muy amable. Yo soy de esas personas qué no toleran que se menosprecie a la gente que quiero, a pesar de que la fortuna no les haya sonreído. —Suspiró de manera ostentosa al acabar la frase.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker