Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero cada mañana, antes de desayunar, va usted a ver a la anciana Nancy Grant, y ha encargado esta medicina, que no creo que Corbyn pueda pagar.

—¿Todavía no se ha dado cuenta de lo difícil que le es a un hombre vivir según sus preceptos? Le queda aún mucho por aprender, señor Wynne —dijo el señor Gibson, abandonando el consultorio con esas palabras.

—Nunca entiendo a este hombre —dijo el señor Wynne en un tono de absoluta desesperación—. ¿De qué te ríes, Coxey?

—¡Oh! Sólo pensaba en lo afortunado que has sido al tener unos padres que imbuyeran principios morales en tu pecho juvenil. Envenenarías a todos los pobres si tu madre no te hubiera dicho que era un crimen; y estarías convencido de que lo hacías porque así te lo habían enseñado, y citarías las palabras de Gibson cuando te juzgaran: «Por favor, señor juez, es que no podían pagarme las visitas, por lo que seguí las normas profesionales que me enseñó el señor Gibson, el excelente médico de Hollingford, y envenené a los pobres».

—No soporto ese tono de mofa.

—A mí me encanta. Si no fuera por el sentido del humor del señor Gibson, y los tamarindos, y alguna otra cosilla, me escaparía a la India. Detesto las habitaciones asfixiantes, la gente enferma, el olor de las medicinas y lo mucho que apestan mis manos a píldora, ¡puaj!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker