Hijas y esposas

Hijas y esposas

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Y bajó corriendo; cogió con las dos manos el brazo del señor Gibson y le dio las gracias de una manera tan cariñosa e impulsiva que éste recobró el antiguo aprecio que había sentido por ella, y olvidó todos los motivos por los que últimamente la había censurado.

—¡Vamos, vamos! —dijo—. Ya está bien, muchacha. Me parece muy bien que te veas de vez en cuando con tus parientes; y no hay que hablar más del asunto.

—Creo que tu padre es el hombre más encantador del mundo —dijo Cynthia, ya de nuevo junto a Molly—, y por eso siempre temo tanto que no tenga buena opinión de mí, y me apeno tanto si se enfada conmigo. Y ahora concentrémonos en esta estancia en Londres. Será delicioso, ¿no crees? Puedo sacar tanto partido de esas diez libras; y, en cierto modo, será un alivio salir de Hollingford.

—¿Ah sí? —dijo Molly, con cierta decepción.

—Oh sí. No quiero decir que sea un alivio separarme de ti; eso no es ningún alivio. Pero, al fin y al cabo, un pueblo es un pueblo, y Londres es Londres. No te rías de mis perogrulladas; siempre he tenido simpatía por monsieur De la Palisse:

Monsieur de la Palisse est mort

En perdant sa vie un quart d’heure

avant sa mort il était en vie[58]


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