Hijas y esposas
Hijas y esposas —Sà —dijo Molly—. No sabÃa si alguien más se habÃa dado cuenta. Me quedé un tanto asustada.
—Ah —dijo la señora Gibson—. Mucho me temo que a ese joven no le quede mucho tiempo de vida… mucho me lo temo. —Y sacudió la cabeza en un gesto ominoso.
—¡Oh, será terrible si muere! —exclamó Molly, sentándose; pensó en esa esposa misteriosa y desconocida de cuya existencia jamás se hablaba. ¡Y encima Roger estaba tan lejos!
—SÃ, será muy triste, desde luego, y todos lo sentiremos mucho, no cabe duda; pues siempre le he tenido mucho aprecio a Osborne; de hecho, antes de que Roger se convirtiera, por asà decir, en carne de mi carne, me gustaba más Osborne: pero no debemos olvidamos de los vivos, Molly. —En ese momento los ojos de Molly se habÃan llenado de lágrimas ante tan aterradora perspectiva—. Estoy segura de que nuestro querido Roger hará cuanto esté en su mano para llenar el vacÃo de Osborne en todos los aspectos; y más valdrá no posponer mucho la boda.
—No mezcles la boda con la posible muerte de Osborne, mamá —fue la inmediata réplica de Cynthia.