Hijas y esposas
Hijas y esposas —Claro que fue. No están prometidos; y, aunque lo estuvieran, nadie lo sabe. Imagínate que Cynthia dice: «Un joven que conozco está pasando una temporada en África y se puso enfermo hace dos meses, por lo que esta noche no quiero ir al baile». Habría parecido un sentimiento artificial; y, si algo odio, es eso.
—No creo que se lo pasara muy bien —dijo Molly.
—Oh, sí que lo pasó bien. Llevaba un vestido de gasa blanca, adornado con lilas, y la verdad es que estaba (a una madre se le debe permitir cierta parcialidad) de lo más encantadora. Y no se perdió un baile, y eso que nadie la conocía. Por lo que me contó a la mañana siguiente, estoy segura de que lo pasó estupendamente.
—¿Y lo sabe el señor Hamley?
—¿El qué? ¡Oh, sí, claro que lo sabe! ¿Te refieres a lo de Roger? Eso creo que no, y no hay necesidad de contárselo, pues seguro que ahora ya se ha recuperado. —Y dicho esto, salió de la habitación para deshacer su equipaje, Molly dejó la labor y suspiró.