Hijas y esposas
Hijas y esposas —Molly —dijo—, ¿lo harás? ¿Harás lo que te dije la noche pasada? Llevo todo el dÃa pensando en ello, y a veces me digo que él te darÃa las cartas si se las pidieras; quizá pensarÃa… en cualquier caso, vale la pena intentarlo, si no te ocasiona un gran disgusto.
Y lo cierto es que, cada vez que Molly lo pensaba, más le disgustaba la idea de entrevistarse con el señor Preston; pero al fin y al cabo era ella quien habÃa propuesto el plan, y ni podÃa ni querÃa echarse atrás; quizá sirviera de algo; no veÃa qué mal podÃa causar. Le dijo a Cynthia, pues, que lo harÃa e intentó ocultar su renuencia, que iba aumentando a medida que ella le iba detallando la forma de encontrarse con él.
—Estará en la avenida que va de la casa del guarda del parque a las Towers. Probablemente vendrá de las Towers, donde a menudo tiene asuntos que tratar… Tiene llaves maestras de todas partes… Puedes entrar por la casa del guarda, como hemos hecho muchas veces… No tienes por qué ir muy lejos.
A Molly le sorprendió su experiencia en tantos tejemanejes; y se atrevió a preguntarle cómo informarÃan al señor Preston de la entrevista. Cynthia se sonrojó y replicó: