Hijas y esposas
Hijas y esposas —SÃ, está mucho mejor. Parece muy animado. Me habla mucho de pájaros y animales, como siempre, y de las costumbres de los nativos, y cosas por el estilo. Puedes leer a partir de aquà —le señaló una lÃnea de la carta— hasta aquÃ, si quieres; ¿sabes qué, Molly?, te dejo la carta mientras hago las maletas (y eso demuestra lo mucho que confÃo en ti, y no es que tema que la leas entera; es sólo que encontrarÃas aburrida la parte sentimental); escribe un resumen para tu padre contándole dónde está, y en qué se ocupa, la fecha, y esas cosas.
Molly se llevó la carta sin decir palabra y empezó a copiarla en el escritorio de la sala; leÃa lo que se le habÃa permitido leer, y a veces se detenÃa, apoyaba la mejilla en la mano, miraba la carta, y se ponÃa a pensar en su autor, en todas las escenas que habÃa vivido con él, y en otras que su imaginación dibujaba. La repentina entrada de Cynthia la sacó de su ensueño; ésta se la quedó mirando con viva satisfacción.