Hijas y esposas
Hijas y esposas —Ah, tarde o temprano acabará usted siendo paciente del doctor —dijo la señora Goodenough.
—Me pareció una mujer muy simpática, aunque, como es amiga Ãntima de la condesa y de la familia de las Towers, se da aires de gran dama; cenan tarde, he oÃdo decir, y cosas por el estilo.
—¡Estilo! Un estilo muy distinto al que gastaba Bob Gibson, su marido, cuando vino a vivir aquÃ. SolÃa comer su costilla de cordero en el consultorio, pues creo que era la única estancia donde encendÃan el fuego; en esa época le llamábamos Bob Gibson, pero ahora nadie se atreve a llamarle Bob.
—¡Pues yo creo que la señorita Gibson está obrando mal! —dijo una de las señoras, deseosa de que la conversación volviera a abordar sucesos actuales. Pero, nada más oÃr ese comentario, la señora Goodenough se volvió hacia quien lo habÃa pronunciado.