La casa del paramo
La casa del paramo Al día siguiente recibió una carta de Edward. No había una sola palabra en ella que respondiera a sus preguntas o quejas; era como si nunca las hubiera escrito, o nunca hubieran llegado a su destino. Sólo unas cuantas líneas nerviosas y apresuradas en las que le pedía que le contestara a vuelta de correo si era realmente cierto que el señor Buxton había contratado un administrador. «Después de lo que me dijo hace años, si eso es verdad, me habría jugado una mala pasada. No sabes lo importante que es para mí que me respondas inmediatamente. Una vez más, escríbeme enseguida. Si Nancy no puede dejar la carta en el correo, llévala tú corriendo a Combehurst. Necesito la respuesta mañana, y todos los detalles sobre quién es, cuándo será nombrado, etcétera. Aunque me cuesta creer que la noticia sea cierta».
Maggie preguntó a Frank si podía contarle a su hermano lo que le había comunicado la víspera.
—Oh, sí, por supuesto —dijo él—, si tiene interés en saberlo. Pero no le comentes mi opinión del señor Henry. Viene mañana, y yo podré analizar mejor hasta qué punto tengo razón.