La casa del paramo
La casa del paramo —Consulte con quien quiera. ¡Pensar que Crayston fue la primera persona que me subió a un caballo! ¡Y ahora se dedica a estafarme!
Pocos dÃas después de esta conversación, Frank apareció como de costumbre en casa de Maggie.
—¿Puedes venir hasta el espino, cariño? —le preguntó—. Hace un dÃa precioso, y necesito el solaz de hablar una hora tranquilamente contigo.
Y los dos subieron por la pendiente y se sentaron un rato en silencio, contemplando la quietud del aire azul sobre la cima de las colinas, donde el alboroto del mundo jamás llegaba a turbar la paz reinante, y los gritos apasionados de los hombres jamás rompÃan el silencio de sus cumbres.
—Me alegro de que te guste mi espino —dijo Maggie.