La casa del paramo
La casa del paramo —Entonces, ¿qué querÃas decir con eso del bien que pueden hacer aquellos que ven con claridad el mal? El mal que yo veo es el de un paÃs cuyo dios es el dinero.
—Porque acabas de presenciar una escena muy dolorosa. Si mañana escucharas o leyeras una acción heroica que conmoviese a la nación, te sentirÃas exultante y orgulloso de ella.
—Pero seguirÃa lamentando profundamente los males de su compleja sociedad. Y, además, ¿dónde está el bien que yo podrÃa hacer?
—No es algo que pueda explicarse en un minuto. Pero ¿no podrÃas enfrentarte valerosamente a esos males, y averiguar su naturaleza y sus causas? ¿Acaso no te ha dado Dios capacidad para ponerles remedio? ¡Piénsalo un poco, querido Frank! Quizá sea muy poco lo que puedas hacer… y quizá nunca conozcas su alcance, como tampoco conoció la viuda el alcance universal de su óbolo[18].
—Pero, si todos los hombres buenos y considerados huyeran a otro paÃs, ¿qué harÃamos con nuestra pobre y querida Vieja Inglaterra?