La casa del paramo
La casa del paramo —¡Oh! Pero tú tendrÃas que huir con los hombres buenos y considerados; ¡me tomaré eso como un cumplido, Maggie! ¿Me dejarás que desee haber nacido pobre si tengo que quedarme en Inglaterra? Tal vez asà no caiga en el error que suelen cometer los ricos al olvidar el sufrimiento de los pobres.
—Me pregunto si, de haber sido pobre, no hubieras caÃdo en un error similar olvidando el sufrimiento de los ricos. Es tan difÃcil comprender las equivocaciones que cometen los hombres por culpa de su posición. ¿Recuerdas un cuento de Evenings at Home titulado «La transmigración de Indra[19]»?
Bueno, pues cuando era niña soñaba con transmigrar (¿se dice asÃ?), al alma de un norteamericano propietario de esclavos, sólo el tiempo necesario para comprender su doliente confusión y su anhelo de librarse de tan odiosa riqueza, y ver cómo al final su corazón se endurecÃa hasta acostumbrarse. Y, desde entonces, he querido ser el zar de Rusia por el mismo motivo. SÃ, sÃ, puedes reÃrte lo que quieras, pero lo único que pasa es que no sé explicarme.
—Me hace gracia pensar lo ambiciosa que podrÃas parecer a alguien que no te conociera.
—No veo la menor ambición en ello. No pienso en su posición, sólo quiero comprender a fondo «lo que han resistido», como dice Burns, para ser más compasiva con los causantes de tantÃsimo dolor y sufrimiento.