La casa del paramo
La casa del paramo ParecÃa una criatura salvaje a la que están a punto de dar caza. Maggie estaba horrorizada. Su hermano prosiguió:
—¡Nuestra madre! ¡Nancy! ¿Dónde están? Estaba bajo la lluvia, empapado y hambriento, y he venido a refugiarme a casa. No dejes que me detengan, Maggie, hasta que me sienta más fuerte y pueda presentar batalla.
—¡Oh, Edward, Edward! ¿Qué estás diciendo? —exclamó Maggie, sentándose en la cómoda, desesperada y perpleja—. ¿Qué has hecho?
—No lo sé muy bien. Estoy viviendo una pesadilla. Piensas que estoy loco; ojalá fuera asÃ. Pero ¿no está a punto de despertarse Nancy? Tienes que esconderme.
—La pobre Nancy está en cama —dijo Maggie.
—¡Gracias a Dios! —exclamó él—. Un peligro menos. Pero nuestra madre se levantará enseguida, ¿no?
—TodavÃa no —replicó Maggie—. Edward, querido, intenta contarme lo que has hecho. ¿Por qué te persigue la policÃa?
—Dicen que he falsificado… —contestó con una risa forzada.
—¿Y es cierto? —preguntó Maggie en voz baja, tratando de disimular su angustia.