La casa del paramo
La casa del paramo —¿Lo sabe él? ¿Está enojado? —quiso saber la señora Browne.
—SÃ, lo sabe; y quiere intimidarme con sus bravatas. Al principio estaba realmente furioso. Pero Maggie… Le aseguro, madre, que he pasado un miedo horrible.
—¿Ha estado aqu� —preguntó la señora Browne, con espanto.
—¡Oh, sÃ! Maggie y él han tenido una larga conversación mientras yo estaba escondido en el armario de la porcelana. No volverÃa a pasar esa media hora ni por todo el oro del mundo. Sin embargo, Maggie y él han llegado a un acuerdo.
—No, Edward; eso no es cierto —susurró Maggie, con voz temblorosa.
—Bueno, casi… Si Maggie rompe su compromiso, él me perdonará.
—¿Quieres decir que Maggie tendrá que romper su compromiso con el señor Frank Buxton? —preguntó su madre.
—SÃ. De todos modos, jamás se habrÃan casado. El viejo Buxton se habrÃa opuesto a su boda hasta el dÃa del juicio final. Y tarde o temprano, Frank habrÃa cedido. Si Maggie tuviera un poco de carácter, ya habrÃa conseguido convertirse en su mujer; y entonces yo me hubiera librado de todo este horror, pues la policÃa jamás habrÃa perseguido al hermano de la señora de Frank Buxton.