La casa del paramo
La casa del paramo Cuando abrió la puerta de la cocina, vio la misma lluvia menuda y mansa que llevaba semanas oscureciendo el cielo, y que ahora parecÃa oscurecer la esperanza. Subió a paso lento (pues estaba realmente débil) el camino que llevaba al páramo y se dejó caer bajo el espino desnudo de hojas y con las ramas cargadas de gotas de lluvia. Maggie no pudo contemplar el paisaje familiar que tanto amaba por culpa de las lágrimas; ni echó de menos las colinas que, en la lejanÃa, se ocultaban tras las nubes y el aguacero.
La señora Browne y Edward se sentaron junto al fuego. Él le contó su versión de los hechos: al exagerar la tentación, convirtió el delito en un pequeño error sin importancia, en el que habÃa incurrido convencido de que llegarÃa a ser el administrador del señor Buxton.
—Pero si no es más que eso —dijo la señora Browne—, ¿por qué va a denunciarte el señor Buxton?