La casa del paramo
La casa del paramo Edward se quedó en silencio, jugando con algo que habÃa en el suelo. Luego miró a su alrededor y, convencido de que nadie podÃa oÃrle, dijo en voz baja:
—Maggie, ¿sabes que no siempre me da pena que papá haya muerto? Cuando me porto mal. Si estuviera aquÃ, ¡se enfadarÃa tanto! Creo que me alegro… Bueno, sólo algunas veces… de que no esté con nosotros.
—Oh, Edward, sé que no quieres decir eso. Será mejor que no hablemos de papá. Somos demasiado pequeños para entender algunas cosas. Venga, Edward, por favor…
