La casa del paramo
La casa del paramo —Se lo agradecerÃa muchÃsimo —dijo el señor Buxton—. Me harÃa un gran favor. Si encuentra a alguien interesado y puede llevar el asunto, me gustarÃa que se encargara de las escrituras. PodrÃa ser el comienzo de su independencia profesional; me encantarÃa traerle buena suerte.
Por supuesto que su invitado podÃa ocuparse de eso; y, cuando se levantaron de la mesa, Edward se sentÃa ya a un paso del trabajo de administrador que codiciaba, y el señor Buxton, feliz de haber puesto unas cuantas libras en la mano de un joven de gran valÃa e inteligencia.