La casa del paramo

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Maggie se ruborizó, y o no quiso o no pudo hacerlo. Así que la señora Browne dijo:

—Bueno, si estás segura, estás segura. Me gustaría saber cómo ha convencido a su padre. ¡Había planeado hace tanto tiempo que se casara con Erminia! El primer día que comimos allí después de la muerte de tu padre, el señor Buxton prácticamente me lo contó. Creía que estaban esperando a quitarse el luto.

Aquello fue una novedad para Maggie. Jamás había pensado que Erminia y Frank se tuvieran especial cariño; y menos aún que el señor Buxton tuviera esos planes para ellos. La sorpresa de la señora Browne ante su compromiso también le dolió un poco: se había vuelto tan natural para ella, en las dos últimas horas, pensar que pertenecía a Frank. Pero no habían acabado sus desencuentros, pues la señora Browne continuó diciendo, casi para sí:

—Creo que tendrá una renta de cuatro mil libras anuales. Pequeña, ¿te ha contado si siguen teniendo en el canal esos terrenos de los que su padre se quejaba? En cualquier caso, tendrá cuatro mil libras anuales. ¡Y tú tendrás tu propio carruaje, Maggie! Bueno, espero que el señor Buxton se lo haya tomado a bien, pues va a tener que organizar muchas cosas. Yo estaba segura de que Frank se había comprometido con Erminia.


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