La casa del paramo
La casa del paramo —No me atrevo a cabalgar ladera abajo; Jem se ha quedado con mi caballo, asà que tendré que irme enseguida. Vamos, Maggie, cuéntamelo todo… y espero verte en trance al hablar de Frank. ¿No es un joven maravilloso? ¡Oh! ¡Estoy tan contenta! Pero deja de sonreÃr y de ponerte roja, y desembucha de una vez. He deseado tanto conocer a alguien que estuviera enamorado para que me explicara qué se siente… He venido en cuanto he podido. Frank acaba de marcharse. Ha tenido otra larga conversación con mi tÃo después de verte esta mañana, pero me temo que las cosas no han progresado mucho.
—No es de extrañar que no me considere lo bastante buena para Frank —suspiró Maggie.
—¡Qué va! Lo difÃcil serÃa encontrar a alguien que le pareciera digno de su maravilloso hijo.
—Pensaba que tú lo eras, mi querida Erminia.