La casa del paramo
La casa del paramo —¿Ves? Lo único que te interesa es hablar de él.
—Pero ¿parecÃa triste? —insistió Maggie.
—Desde luego, no parecÃa feliz, querida ratoncita; pero las cosas eran muy diferentes cuando volvió de tu casa. ¿Sabes que siempre has tenido el don de confortar a los demás? La señora Buxton y tú sois las dos únicas personas que he conocido con esa virtud.
—Siento tanto que Frank se vea en este brete —dijo Maggie.
—Creo que le sentará muy bien. Piensa en lo afortunada que ha sido su vida. En las brillantes calificaciones que obtuvo en Eton. ¡Le sacaron una fotografÃa, entre otras cosas! Y en Cambridge, Ãdem de Ãdem. Si no tuviera que enfrentarse a ciertas dificultades, en pocos años se convertirÃa en un tirano insoportable
—¿En un tirano? Oh, Erminia, ¿cómo puedes decir eso?