La casa del paramo
La casa del paramo La señora Browne estaba terriblemente desconcertada y molesta. Criticaba al señor Buxton delante de todo el mundo menos de Maggie. A ella le decía:
—Cualquiera en su sano juicio habría adivinado lo que iba a ocurrir, y se lo habría pensado mucho antes de enamorarse de un joven con las expectativas de Frank Buxton.
En medio de tanta consternación, Edward vino de Woodchester a pasar un par de días con ellas. La propia Maggie le había comunicado su noviazgo por escrito, pero le parecía un asunto demasiado sagrado para entrar en detalles con su hermano; y a la señora Browne no le gustaba escribir cartas. Así que éstas fueron las primeras palabras que le dijo a Maggie después de darle un beso:
—Bueno, Sancho Panza, no lo has podido hacer mejor. En cuanto recibí tu carta, le dije a Harry Bish: «Las aguas tranquilas corren más profundas. Mi hermanita Maggie, la criatura más apacible del mundo, se las ha arreglado para pescar al joven Buxton, que tiene una renta de cinco mil libras anuales». No te pongas colorada, Maggie. Seguro que Harry se habría enterado por otro medio… No tiene ningún sentido guardar el secreto; es algo que nos beneficia a todos.