La casa del paramo
La casa del paramo —El señor Buxton está muy enfadado —se quejó la señora Browne—; y no tendrÃa que estarlo porque le sobra el dinero, si eso es lo que quiere. Y el padre de Maggie era clérigo, y he visto con mis propios ojos cómo ponÃa «terrateniente» en los carros del viejo señor Buxton (el padre del señor Lawrence); y un clérigo está siempre por encima de un pequeño terrateniente. Aunque, si Maggie hubiera pensado en los demás, jamás habrÃa aceptado esa propuesta de matrimonio: tendrÃa que haber sabido que ofenderÃa al, señor Buxton. Ya no nos invita nunca a comer. No he vuelto a sentarme en su mesa desde las pasadas Navidades.
—¡Vaya! —exclamó Edward, disgustado; pero no tardó en animarse—. Pensaba que podrÃa echar una mano para presionar al señor Buxton, pero veo que aún es demasiado pronto. En cualquier caso, iré a visitar al viejo caballero. Siempre he sido un poco su favorito, y seguro que consigo que cambie de opinión.
—Por favor, Edward, no vayas —dijo Maggie—. A Frank y a mà no nos importa esperar; y preferimos que nadie hable con el señor Buxton de un asunto tan doloroso para él. Te lo ruego, Edward, no vayas.