La prima Phillis
La prima Phillis Asà que volvimos a la mesa. Poco después, el señor Holdsworth rompió el silencio.
—Si yo fuera tú, Manning, irÃa a ver a esos parientes. Puedes visitarles mientras esperamos el presupuesto de Dobson; yo me quedaré fumando un cigarro.
—Gracias, señor. Pero no les conozco, y tampoco tengo muchas ganas de hacerlo.
—Entonces, ¿por qué has preguntado por ellos? —dijo levantando la mirada, sorprendido.
No concebÃa hacer o decir nada sin un motivo. Como no le contesté, continuó diciendo:
—DecÃdete, y ve a ver cómo es ese clérigo-granjero. Asà luego me lo cuentas… Me encantarÃa saberlo.