La prima Phillis
La prima Phillis —Lo echo de menos más de lo que creÃa; dicho sea sin ánimo de ofenderte, Paul. Una vez comenté que estar con él era como tomar una bebida alcohólica; eso fue antes de conocerlo bien, y quizá lo dijera con espÃritu crÃtico. Algunos hombres ven las cosas con claridad, y hablan en consecuencia; eso es lo que hacÃa él. Y yo pensaba, con mi afán de censura, que sus palabras no eran serias ni fiables. Y no lo habrÃan sido si las hubiera dicho yo, pero sà lo eran en un hombre con sus dotes de percepción. Y recordé la vara que habÃa utilizado para medirlo cuando el hermano Robinson estuvo aquà el jueves pasado, y me dijo que una pequeña cita mÃa de las Geórgicas de Virgilio olÃa a cháchara insustancial y paganismo impÃo. Incluso llegó a decir que si aprendÃamos otros idiomas, desafiábamos la voluntad del Señor cuando, al construir la torre de Babel, señaló que «confundirÃa su lengua para que no se entendieran entre sÃ[21]». El hermano Robinson se comportó conmigo del mismo modo que yo con el rápido ingenio, la clara percepción y la elocuencia de Holdsworth.