La prima Phillis
La prima Phillis —TendrÃas que haber venido al campo, a ayudar con el heno —dijo, con su voz armoniosa y apacible.
Al acercarme a la casa la habÃa oÃdo cantar con dulzura un himno, y la paz de aquella música aún parecÃa embargarla.
—Quizá tengas razón. Va a llover…
—SÃ, ya se oyen los truenos. Mi madre se ha ido a la cama con un fuerte dolor de cabeza de los suyos. Ahora que has venido…
—Phillis —me apresuré a decir, interrumpiéndola—, he dado un largo paseo para meditar sobre una carta que he recibido esta mañana. Una carta de Canadá. No sabes cuánto me ha entristecido.