La prima Phillis
La prima Phillis Soltó su labor y salió corriendo de la sala. No creo que Phillis se hubiera mostrado nunca tan irascible. En muchas familias su tono de voz y su conducta habrían pasado inadvertidos, pero en la atmósfera dulce y serena de la granja Esperanza causaron una honda sorpresa. El pastor dejó a un lado la regla y se subió las gafas hasta más arriba de la frente. La prima Holman pareció consternada unos instantes, pero luego suavizó el gesto y dijo a modo de explicación:
—Supongo que es el tiempo. Hay gente muy sensible a él. A mí siempre me da dolor de cabeza.
Se levantó para ir detrás de su hija, pero, al acercarse a la puerta, lo pensó mejor y decidió volver a su asiento. ¡Qué buena madre! Prefirió quitar importancia a aquel insólito acceso de mal humor, fingiendo que apenas había reparado en él.
—Continúa, marido mío —exclamó—. Lo que lees es muy interesante, y, cuando no lo entiendo, me gusta escuchar tu voz.