La prima Phillis
La prima Phillis —Ella es muy joven. ¿Piensas que sus padres no se habrÃan dado cuenta?
—Bueno, ya que me lo preguntas, te diré con franqueza que «no». Para ellos siempre ha sido «la niña»… Y asà la llaman cuando hablan a solas, como si los demás no pudieran ver que se ha convertido en una mujer… Aunque la hayan visto crecer, el pastor y la señora Holman siguen viéndola en mantillas. ¿Has conocido a algún hombre que se enamorara de un bebé en mantillas?
—No —contesté yo, medio riendo.
Pero ella prosiguió con la misma gravedad que un juez.
—¿Ves? Te hace gracia con sólo pensarlo… Estoy segura de que el pastor, a pesar de su seriedad, se echarÃa a reÃr ante la idea de que tu amigo se enamorase de «la niña». Y ¿adónde se ha marchado Holdsworth?
—A Canadá —respondà con sequedad.
—Canadá, Canadá… —repitió, malhumorada—. Deja ese galimatÃas y dime a qué distancia está. ¿A dos dÃas de viaje? ¿A tres? ¿A una semana?
—Estará a unas tres semanas… como poco —contesté, desesperado—. Y se ha casado, o está a punto de hacerlo.