La prima Phillis
La prima Phillis Esperé una explosión de ira. Pero no; el asunto era demasiado grave. Betty se sentó y guardó unos minutos de silencio. ParecÃa tan triste y desanimada que no pude evitar sincerarme con ella:
—Te he dicho la verdad. Sé que Holdsworth nunca le dijo nada. Yo creÃa que él la amaba, pero ahora todo ha terminado. Lo mejor que podemos hacer… lo mejor y más amable… y sé cuánto la quieres, Betty…
—La acuné en mis brazos. Le di a su hermanito el último bocado de comida terrena —dijo ella, llevándose el delantal a los ojos.
—Bueno, es preferible que no sepa que imaginamos su sufrimiento. Asà lo superará antes. Sus padres ni siquiera sospechan lo que ocurre, y nosotros fingiremos no darnos cuenta. Es demasiado tarde para hacer otra cosa.
—Jamás abriré la boca. No diré una palabra. Yo también estuve enamorada en mi juventud. Pero ojalá le hubieran enviado lejos antes de que viniera a esta casa con su «por favor, Betty» esto, «por favor, Betty» lo otro, mientras se bebÃa nuestra leche recién ordeñada como si fuera un gato. Detesto esos modales tan seductores.
Pensé que daba lo mismo dejar que se desahogara criticando a Holdsworth; si era injusto y desleal por mi parte, estaba dispuesto a aceptar mi castigo.