La prima Phillis
La prima Phillis Antes de que me armara de valor para responder a su tácita pregunta —qué es lo que querÃa—, oà que una voz de mujer gritaba:
—¿Quién es, Phillis? Si viene a buscar suero de manteca, dile que llame por la puerta trasera.
Pensé que me costarÃa menos hablar con la dueña de esa voz que con la joven que tenÃa delante; asà que pasé y me quedé a su lado en el umbral de una estancia, sombrero en mano, pues aquella puerta lateral daba directamente a la sala de estar donde se reunÃa la familia al final de la jornada. HabÃa una mujer menuda y enérgica, de unos cuarenta años, planchando unos pañuelos muy grandes de muselina junto a un ventanal a la sombra de una parra. Me miró con desconfianza hasta que empecé a hablar.
—Me llamo Paul Manning —dije, pero vi que el nombre no le decÃa nada—. Mi madre se apellidaba Moneypenny —añad×, Margaret Moneypenny.
—¡Y se casó con un tal John Manning, de Birmingham! —dijo con entusiasmo la señora Holman—. Y tú debes de ser su hijo. ¡Vamos, siéntate! Me alegro muchÃsimo de conocerte. ¡Pensar que eres el hijo de Margaret! Pero si hace nada era una niña… Bueno, lo cierto es que han pasado veinticinco años. ¿Y qué te trae por aquÃ?