La prima Phillis
La prima Phillis —Siempre decĂa que, al curarse de sus fiebres, se sentĂa mucho más fuerte que antes.
—Quizá lo pensara, pero yo tengo mis dudas. Era un joven muy simpático, pero no se dejaba cuidar como Dios manda. Se cansaba de que le mimaran, segĂşn decĂa. Espero que los dos vuelvan pronto a Inglaterra; su salud correrĂa menos riesgos. Me encantarĂa saber si ella habla inglĂ©s; aunque Ă©l habla muy bien varios idiomas, se lo he oĂdo decir al pastor.
Seguimos conversando hasta que, en aquella calurosa tarde de verano, la prima Holman se quedó adormilada sobre su labor. Me escabullà de la casa para dar un paseo, pues necesitaba pensar en soledad y, ¡ay!, reprocharme el dolor causado y sentir fuertes punzadas de remordimiento.