La prima Phillis
La prima Phillis —Ella es mi prima, ¿no? —pregunté.
SabÃa que lo era, pero deseaba hablar de ella y no sabÃa cómo empezar.
—SÃ, Phillis Holman. Es nuestra única hija… ahora.
Aquel «ahora» o cierta tristeza fugaz en su mirada me hizo comprender que habÃan tenido más hijos, ya fallecidos.
—¿Qué edad tiene la prima Phillis? —dije yo, imponiéndome con esfuerzo llamarla por su nombre, pues no querÃa tomarme demasiadas familiaridades.
Pero la prima Holman no pareció advertirlo, y me contestó lo que querÃa.
—Cumplió diecisiete años el dÃa en que se celebra la fiesta de la primavera… Pero al pastor no le gusta que lo diga asÃ[2] —añadió, con cierto temor reverencial—. Phillis cumplió diecisiete años el pasado uno de mayo —repitió, rectificando.
«Yo cumpliré diecinueve el mes que viene», pensé no sé por qué.
Entonces entró Phillis con una bandeja en la que traÃa vino y un bizcocho.
—Tenemos una criada —me explicó la prima Holman—, pero hoy es el dÃa en que se elabora la mantequilla, y está muy atareada.
QuerÃa disculpar asà el hecho de que su hija hiciera las veces de sirvienta.