La prima Phillis
La prima Phillis —No me importa ayudar, mamá —dijo Phillis, con su voz grave y firme.
Me sentà como un personaje del Antiguo Testamento —no recordaba quién— al que servÃa y atendÃa la hija de su anfitrión. ¿Era como el siervo de Abraham cuando Rebeca le daba de beber en la fuente[3]? Pensé que no era demasiado inspirador el modo en que Isaac habÃa conseguido una esposa. Pero Phillis nunca pensaba en cosas asÃ. Era una joven de porte majestuoso y lleno de gracia, vestida con la sencillez de una niña.
Como me habÃan enseñado, bebà a la salud de mi nueva prima y de su marido. Luego me permità nombrar a la prima Phillis inclinando un poco la cabeza hacia ella, pero mi torpeza me impidió comprobar cómo se tomaba mis cumplidos.
—Debo irme —dije, poniéndome en pie.
A ninguna de las mujeres se le habÃa ocurrido beber vino conmigo; la prima Holman habÃa cogido un trozo de bizcocho por pura fórmula.
—Es una pena que no haya estado el pastor —señaló la prima Holman, levantándose también.