La prima Phillis
La prima Phillis Cierto día preguntaron por el pastor, y subí a avisarle. El hermano Robinson y otro pastor, al enterarse de su «cruz», venían a hacerle una visita. Se lo dije en voz baja desde el rellano de la escalera. Se mostró extrañamente desazonado.
—Querrán que les abra mi corazón. No puedo hacerlo. Quédate conmigo, Paul. Sus intenciones son buenas, pero, en un momento así, sólo Dios… sólo Dios puede prestarme ayuda espiritual.