La prima Phillis
La prima Phillis «Nuestra Phillis», como la había llamado el viejo John, mejoró día a día desde entonces. No muy rápidamente. Yo a veces me dejaba ganar por el desánimo, y temía que nunca volviera a ser la de antes. Y jamás volvería a serlo, en cierto modo.
Aproveché la ocasión que se me presentó poco después para contarle al pastor cómo Timothy Cooper había estado vigilando el puente sin que nadie se lo pidiera aquel largo día de verano.
—¡Que Dios me perdone! —dijo el pastor—. He sido un arrogante, y me he dejado llevar por el orgullo. Los primeros pasos que voy a dar al salir de esta casa los dirigiré a la cabaña de Cooper.
Huelga decir que Timothy recuperó su trabajo en la granja. Y a menudo he admirado la paciencia con que su patrón intentaba enseñarle las tareas —sencillas y adecuadas a su capacidad— que a partir de entonces le fueron encomendadas.