La prima Phillis
La prima Phillis —¡Vamos, Phillis! —dijo, acercándose al sofá—. Hemos hecho por ti todo lo que hemos podido, y los médicos han hecho otro tanto, y creo que el Señor también ha hecho todo lo que está en su mano. Más de lo que mereces, si no haces algo por ti misma. Si yo fuera tú, harÃa de tripas corazón y me levantarÃa ahora mismo, antes de que tu padre y tu madre se desesperen, ellos, que no paran de cuidarte y de aguardar a que tengas a bien luchar por recuperar la alegrÃa. Bueno, yo nunca he sido amiga de las prédicas largas, y he dicho lo que tenÃa que decir.
Unos dÃas después Phillis me preguntó, estando los dos a solas, si mis padres le permitirÃan ir a visitarlos y pasar un par de meses con ellos. Y, mientras me expresaba con balbuceos aquel deseo de cambio de manera de pensar y de entorno, se sonrojó un poco.
—Sólo una temporada, Paul. Luego… volveremos a la paz de los viejos tiempos. Sé que lo haremos. Yo puedo hacerlo. Y lo haré.