La prima Phillis
La prima Phillis —Bueno… Y ¿crees que el llanto arreglará el jarro de mamá o recogerá la leche del camino? ¿Qué te ha pasado, Tommy?
—Estábamos haciendo una carrera —respondió Tommy, moviendo bruscamente la cabeza en dirección al otro niño.
—Tommy dijo que podÃa ganarme —exclamó su hermano.
—Me gustarÃa saber cómo conseguir que dos chicos tan necios como vosotros dejen de hacer carreras cuando llevan un jarro de leche —dijo el pastor, pensativo—. Puedo daros unos azotes, y ahorrarle ese trabajo a mamá; pues supongo que ella os los darÃa si no lo hago yo. —Los gimoteos de los dos pequeños decÃan a las claras que aquello era muy probable—. O puedo llevaros a la granja Esperanza y daros más leche; pero entonces volveréis a hacer una carrera, y mi leche acabará en el suelo y formará otro charco blanco. Creo que será mejor que os dé unos azotes, ¿no os parece?
—No volveremos a hacer más carreras —dijo el mayor de los dos.
—Entonces, en vez de niños, serÃais ángeles.
—No, no lo serÃamos.
—¿Por qué?
Los dos pequeños se miraron desconcertados ante esa pregunta. Finalmente, uno de ellos respondió:
—Porque los ángeles están muertos.