La prima Phillis
La prima Phillis —Phillis, hija mÃa, acompaña a estos niños a casa y cuéntale a su madre lo de las carreras y la leche. Mamá tiene que saber siempre la verdad —añadió, dirigiéndose a los pequeños—. Y dile de mi parte, Phillis, que tengo la mejor vara de toda la parroquia; y que, si alguna vez cree que sus hijos necesitan unos azotes, me los traiga a casa para que, si considero que los merecen, se los dé más fuerte que ella.
Phillis se llevó a los niños a la vaquerÃa, en algún lugar del patio trasero, y yo seguà al pastor y entré en la sala de estar por la puerta del «coadjutor».
—La madre es un poco arpÃa —me explicó—, y tiende a castigar a sus hijos sin ton ni son. Trato de ser tan buen pastor como granjero.
Se sentó junto al fuego en la silla triangular y contempló la sala vacÃa.
—¿Dónde está mi mujer? —se dijo en voz baja.