La prima Phillis
La prima Phillis «Asà ella verá que sé cosas que merecen la pena, aunque no sean sus lenguas muertas», dije para mis adentros.
—Ya veo —dijo finalmente el pastor—. Ahora lo comprendo… Tienes una buena cabeza, muchacho, y muy despejada. ¿De quién la has heredado?
—De mi padre —respondà con orgullo—. ¿No ha oÃdo hablar de su descubrimiento de un nuevo sistema de cambio de vÃa? Lo publicaron en la Gazette. Consiguió una patente. CreÃa que todo el mundo habÃa oÃdo hablar del invento Manning.
—Ni siquiera sabemos quién inventó el alfabeto —dijo él con media sonrisa, llevándose la pipa a la boca.
—No, supongo que no, señor —contesté yo, algo ofendido—. Es algo tan antiguo…
El pastor dio tres chupadas a su pipa.
—Pero tu padre tiene que ser un hombre notable. Oà hablar de él en una ocasión; y no hay muchas personas en ochenta kilómetros a la redonda cuya fama nos llegue a Heathbridge.
—SÃ, mi padre es un hombre notable, señor. Pero no soy yo quien lo dice; es el señor Holdsworth y… y todo el mundo.
—Tiene razón al defender a su padre —dijo la prima Holman, como si quisiera ayudarme.