La prima Phillis
La prima Phillis Yo me irrité en mi fuero interno, convencido de que mi padre no necesitaba a nadie que lo defendiera. Se bastaba a sà mismo para hacerlo.
—SÃ… tiene mucha razón —dijo el pastor, en tono apacible—. Primero porque le sale del corazón… y después porque estoy seguro de que es cierto. Hay muchos gallitos jóvenes que se subirÃan a lo alto de un estercolero para cacarear cosas sobre su padre sólo para dar lustre a su propio plumaje. Me encantarÃa conocer a tu padre —añadió, volviéndose hacia mà con ojos sinceros y bondadosos.