La prima Phillis
La prima Phillis —Bueno, esta vez… un poco —contesté yo, desarmado por su actitud—. Pero no volveré a hacerlo más.
—Asà me gusta. Tú y yo vamos a ser buenos amigos. No creas que dejo entrar a mucha gente aquÃ. Pero esta mañana he leÃdo un libro que no entiendo bien… un libro que me trajeron por error. Aunque estoy suscrito a los sermones del hermano Robinson, lo cierto es que me alegró recibir este volumen en su lugar. Bueno, los sermones están muy bien, pero… ¡dejemos eso ahora! El caso es que me he quedado con los dos; mi abrigo viejo tendrá que durarme un poco más, pero mi red pesca todo lo que se pone a mi alcance. Ando escaso de libros para el tiempo libre, y soy un lector voraz. Aquà está…
Era un árido volumen de mecánica, lleno de tecnicismos y con algunos conceptos matemáticos bastante complejos. Estos últimos, confusos para mÃ, a él parecÃan resultarle comprensibles; lo que querÃa era que le explicara el significado de las palabras técnicas, algo que no suponÃa ninguna dificultad para mÃ.