La prima Phillis
La prima Phillis —Yo no —dijo Phillis—. Pero eres nuestro invitado, y mi madre dice que tengo que ser muy amable contigo. Nos olvidaremos de los libros. ¿De qué quieres que hablemos?
—No lo sé. ¿Cuántos años tienes?
—Cumplà diecisiete en mayo. ¿Y tú?
—Tengo diecinueve. Soy casi dos años mayor que tú —dije, irguiéndome cuanto podÃa.
—No te habrÃa echado más de dieciséis —exclamó ella tan tranquila, como si no fuera lo más irritante que pudiera decirse.
Se hizo un silencio.
—¿Qué vas a hacer ahora? —pregunté.
—TendrÃa que estar limpiando el polvo de los dormitorios, pero mi madre ha dicho que me quede contigo para que no te aburras —dijo ella en tono de queja, como si limpiar el polvo fuera una tarea mucho más fácil.
—¿Me llevarás a ver el ganado? Me encantan los animales, aunque sepa muy poco de ellos.
—¿De veras? ¡Qué alegrÃa! TenÃa miedo de que los animales te gustaran tan poco como los libros.