La prima Phillis
La prima Phillis —¡Es tan difÃcil! ¿Me ayudas? —y puso un dedo debajo de una lÃnea.
—¿Yo? Pero ¡si no sé ni en qué idioma está!
—¿No ves que es Dante? —respondió ella, casi malhumorada (deseaba tanto que pudiera ayudarla).
—Entonces, ¿es italiano? —pregunté con desconfianza, pues no estaba muy seguro.
—SÃ. Y me muero de ganas de entenderlo. Mi padre puede ayudarme un poco porque ha estudiado latÃn, pero anda muy mal de tiempo.
—Tampoco tú andas muy sobrada si siempre tienes que hacer dos cosas a la vez… como ahora.
—¡Oh! ¡Esto no es nada! Mi padre compró muy barato un montón de libros. Y yo habÃa oÃdo hablar de Dante, y siempre me ha gustado mucho Virgilio. Pelar manzanas es una bobada; si pudiera entender este italiano antiguo… Ojalá pudieras ayudarme.
—Ojalá —repetÃ, conmovido por su apasionamiento—. Ojalá estuviera aquà el señor Holdsworth… Creo que habla muy bien italiano.
—¿Quién es el señor Holdsworth? —preguntó Phillis, levantando la mirada.
—Nuestro ingeniero jefe. ¡Un tipo estupendo! Sabe de todo.
La adoración y el orgullo que me inspiraba mi jefe entraron en escena. Aunque yo no fuera inteligente ni erudito, al menos tenÃa un jefe que sà lo era.