La prima Phillis
La prima Phillis —Pero no tiene remedio. Y, si le despido, nadie le dará trabajo. Con todo, no puedo dejar de observarlo por las mañanas mientras deambula tranquilamente por el patio sin hacer nada. Y miro y remiro a ese gandul hasta que el viejo Adán[8] surge como una fiera en mi interior, y me temo que algún dÃa bajaré y le despediré con cajas destempladas, y entonces su mujer y sus hijos se morirán de hambre. Me gustarÃa que pudiéramos cambiarnos al dormitorio gris.