La prima Phillis
La prima Phillis Me puse rojo como un tomate. No sabÃa qué decir, pero no querÃa quedarme callado. Aunque se me habÃa pasado por la cabeza la idea de tener algún dÃa una esposa, era tan extraño que mi padre me hablara de eso… Él vio mi turbación y, con media sonrisa, dijo:
—Bueno, hijo mÃo, ¿qué te parecen los planes de tu viejo padre? Ya sé que no eres más que un chiquillo, pero, cuando yo tenÃa tu edad, habrÃa dado la mano derecha por poder casarme con la joven que querÃa…
—¿Con mi madre? —pregunté, un poco sorprendido por el cambio de tono en su voz.
—No. Tu madre no. Tu madre es una mujer extraordinaria… no hay otra mejor. Pero la joven que querÃa a los diecinueve años nunca llegó a saber cuánto la amaba; un par de años después habÃa muerto, y jamás se enteró. Supongo que le habrÃa gustado saberlo, ¡pobre Molly! Pero tuve que salir del lugar donde vivÃamos para ganarme el pan, y, aunque pensaba volver, ella pasó a mejor vida antes de que yo pudiera hacerlo. Y nunca regresé. Pero, si te gusta Phillis Holman y consigues gustarle a ella, las cosas serán muy diferentes para ti, Paul.
Lo pensé unos segundos, y llegué a una conclusión muy clara.