La prima Phillis
La prima Phillis —Padre —dije—, por mucho que me enamorara de Phillis, ella jamás me corresponderÃa. La quiero como si fuera mi hermana; y ella me quiere como si fuera su hermano… su hermano menor.
Vi que mi padre se desanimaba un poco.
—Es tan inteligente que parece un hombre… Sabe latÃn y griego —dije.
—No se acordará de esas cosas cuando tenga una casa llena de niños —respondió mi padre.
—Pero sabe muchas cosas más, y es tremendamente culta. Ha pasado tanto tiempo con su padre… Nunca tendrá un gran concepto de mÃ, y me gustarÃa tener una mujer que me admirara.
—Pero eso no sólo depende de lo que un hombre haya estudiado en los libros —dijo mi padre, que se resistÃa a abandonar un plan que habÃa calado muy hondo en su pensamiento—. Depende de algo que no sé cómo definir… Hay que ser valiente, sensato y sin dobleces; y tú eres todo eso, hijo mÃo.
—No creo que me gustase tener una mujer más alta que yo, padre —contesté, sonriendo; y él sonrió también, pero un poco a la fuerza.